Una historia mística que te enganchara de principio a fin, vale la pena leer #Comparte

Érase una vez, un hombre que se encontraba en una balsa, partió del puerto cercano a su pueblo y los únicos recuerdos de su familia eran cuatro collarines; un día, le sorprendió una tormenta y lo hizo naufragar durante tres días.

Al llegar la madrugada del cuarto día, y estando inconsciente, observó detalladamente la silueta de una isla, al acercarse vio ocho destellos que se acercaban a él, quiso salir corriendo por el susto, pero por la falta de fuerza y su estado de cansancio, no pudo dar ni un paso, lo único que hizo fue rezar y después se resignó a morir.

Al llegar la mañana se sorprendió al ver lo que tenia frente a sus ojos: Estaba cubierto con una hoja gruesa de árbol para cubrirse del frío, tenía una “vasija” improvisada por la mitad de un coco lleno de agua y un racimo de uvas.

Al terminar su comida, se levantó y quiso dar un paseo para explorar la isla, al dar el paseo, se dio cuenta de que la isla estaba totalmente desierta, y que por ese motivo, no era posible de que haya sido atendido por alguien mientras dormía; cuando regresó de su exploración, observó cuatro animales que estaban en donde había pasado la noche. Eran un oso, un zorro, un conejo y, un lobo. Al verlos, los trató de asustar pero al ver que no se iban, y de que se acercaban a él, empezó a correr y al llegar a un empedrado, se rompió una pierna.

El hombre nuevamente estaba asustado, y pensando que iba a morir, se recostó; inmediatamente después, llegaron los cuatro animales, el oso, usando su extraordinaria fuerza, lo levantó; el lobo, con su lengua, le cicatrizaba las heridas; el zorro y el conejo llevaban agua en el medio coco.

Extrañado de lo que veían sus ojos, aquel hombre pensó muchas locuras, tanto así que llegó a pensar de que lo iban a preparar para comer, lo cual era un error; pasó el tiempo y fue movido a la madriguera del lobo, y lo dejaron descansar en ese lugar.

Al otro día, despertó temprano por la preocupación de lo que sucedió el día anterior, estaba solo y con la pierna rota, y totalmente débil, se recostó; después de un tiempo, llegaron sus cuatro “amigos”, pero, ¿Cuál era la sorpresa para aquel hombre?, era esta:

El oso, le llevó pescado para comer.

El zorro, le llevó frutas.

El conejo, le llevó verduras de su “cosecha” personal.

Y el lobo, le cazó aves para él.

Después de ver esto, el hombre pensó que estaba soñando sabiendo que no era así; después de entregarle la comida al hombre, los cuatro animales encendieron una fogata utilizando piedras y la fuerza del oso, todo este fenómeno sucedió durante un año.

Al término de un año, durante el cual se había hecho amigo de los animales, utilizando la fuerza del oso y la tenacidad del lobo para identificar los árboles resistentes, construyó una balsa, después de fabricada ésta, el hombre, con lágrimas en los ojos, se despidió de sus amigos. Ellos, al ver de que esta persona no tenia que comer, decidieron hacerle el último banquete, y fueron a traer comida para él.

Pasó un rato, y sólo llegaron el zorro con fruta y el oso con pescado, faltaba el lobo y el conejo, mientras, encendieron una fogata y esperaron; después de una larga espera, llegó el conejo, pero no trajo nada, las verduras todavía no habían crecido, entonces en ese mismo momento, recordó que el lobo le llevaba carne, así que miró fijamente al hombre y con una lágrima en los ojos, decidió echarse a la fogata, al ver esto, el hombre saltó a tratar de coger al conejo, pero no lo alcanzó, en ese instante, salió de la nada un animal y pescó al conejo de una pata. Era el lobo, que se había tardado por cazar una liebre y llevarle verduras desde el otro lado de la isla; el hombre, agradecido por ese gesto de sus amigos, les dio a cada uno los collares que le dieron su esposa e hijos para que lo recuerden, y se fue.

El conejo reclamó al lobo sobre lo sucedido, y con un gesto le dio a entender –Sabía lo que ibas a hacer antes que lo hicieras, y decidí buscar una liebre. También supe que no tenías verduras, así que busque en el otro lado por ti; ustedes son tan valiosos para mí, que antes de que muera uno de ustedes, estoy dispuesto a dar mi vida primero.–

Moraleja:

Un lobo nunca es tan malo como dicen que son, basta con ser sus amigos y ellos vendrán a nosotros, ellos sólo cazan por necesidad y no por gusto.

Lo que aquí escribo, es una visión del futuro, donde los humanos y los animales, vivimos en armonía juntos, espero que eso suceda porque va a ser muy tarde para cuando el humano quiera.

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