En España, dos mujeres engañaron a un sacerdote para poder casarse en el año 1901…

A lo largo de la historia, muchas mujeres de renombre han tenido que disfrazarse de hombres para lograr su sueños. Por ejemplo, en el siglo XV, Juana de Arco se vistió con ropa de varón para liderar el ejército francés. También está Rena Kanokogi, quien, en 1959, se disfrazó con el objetivo de participar en un torneo de judo de la YMCA en Nueva York. Kanokogi terminó ganando el torneo, pero se vio obligada a devolver su medalla cuando las autoridades descubrieron que en realidad era una mujer…

Lo más probable es que si buscas mujeres históricas que se disfrazaron como hombres, no encuentres, al menos, de manera inmediata, a la apasionada y valiente pareja Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibea en la partes más alta de la lista. Estas dos damas engañaron a la Iglesia Católica para poder casarse el 8 de junio de 1901. Incluso después de estar expuestas, estuvieron decididas a permanecer juntas. Pero, si bien su historia está llena de valentía y amor, no fue precisamente un cuento de hadas feliz para siempre. Prosigue tu lectura para saber más…

A mediados de la década de 1880, Marcela estaba estudiando para convertirse en maestra en una escuela en A Coruña, Galicia, España. Elisa, por su parte, trabajaba en esa misma escuela, donde se conocieron y se enamoraron. Cuando los demás notaron que todo era más que una simple amistad, los padres de Marcela la enviaron a continuar sus estudios en Madrid; pasó casi una década antes de que terminara el graduado, y se le asignó enseñar en una institución ubicada en Dumbría. En ese momento, Elisa estaba enseñando en el pueblo vecino de Calo, a solo 11 km de distancia. Durante dos años, Elisa caminó todas las noches para visitar a su amor, Marcela.

Cansadas de tener que ocultar su relación, idearon un plan para casarse. Elisa adoptó una apariencia masculina cortándose el pelo y usando trajes varoniles. También tomó el nombre de su primo, Mario, que había muerto en un naufragio. Elisa (Mario Sánchez), le dijo al padre Cortiella, párroco de San Jorge, que quería bautizarse; también le mencionó que había crecido en Londres con un padre ateo que no le permitió ser bautizado cuando era niño. Al principio, el sacerdote no sospechó nada, así bautizó a Mario el 26 de mayo de 1901.

Unas dos semanas más tarde, el 8 de junio, el padre Cortiella casó a Mario y Marcela. En el momento de su matrimonio, Marcela estaba embarazada de un par de meses; aunque se sabe poco de dicho embarazo, algunos creen que fue premeditado para dar validez al enlace, ya que ninguna de ellas había estado casada anteriormente. No pasó mucho tiempo hasta que los vecinos de la zona comenzaran a retratarlas y exponerlas a prensa local, por lo que la historia de las recién casadas fue criticada en todos los periódicos de España, Francia, Bélgica e incluso Argentina.

La publicidad no deseada de la prensa causó muchas dificultades para ambas, así que la pareja decidió huir a Oporto, Portugal, donde Marcela dio a luz a una hija. Elisa pasó a llamarse Pepe, y trataron de evadir a la justicia española, pero por desgracia, su tiempo allí fue corto y el 18 de agosto de 1901 fueron arrestadas; el gobierno acordó extraditarlas a España de nuevo. Pero, antes de ser devueltas, fueron juzgadas y absueltas por sus “crímenes”, así que al ser liberadas, huyeron rápidamente a Argentina…

En Bueno Aires, Argentina, Marcela y Elisa cambiaron sus nombres una vez más: Carmen y María; primero encontraron trabajo en una industria de servicios domésticos, pero pronto tuvieron un nuevo plan. Elisa (María) se casó con un hombre llamado Christian Jensen, que era más de 20 años mayor que ella. Tras casarse en 1903, María invitó a su hermana, Carmen, y a su hija a vivir con ellos. Según los informes, Christian comenzó a sospechar después de que María se negara a consumar su matrimonio. Los rumores surgieron, y tras una investigación, el marido descubrió que su nueva esposa era Elisa y que su “hermana” era en realidad Marcela.

En 1904, Elisa fue de nuevo a la corte. Como su matrimonio con Jensen era válido -y de hombre y mujer- no hubo ningún cargo contra ella. Después de celebrar el juicio, el camino hacia el paradero de Marcela y Elisa se enfrió y permaneció desconocido. En 1909, la prensa mexicana informó que Elisa se había suicidado en Veracruz, aunque no se pudo confirmar nada. Según el Archivo Diocesano, su certificado de matrimonio nunca fue anulado por la Iglesia ni el Registro Civil, así que ambas son consideradas las precursoras tanto del feminismo como del matrimonio entre personas del mismo sexo en España. Por ahora, lo que pudo haberles pasado se desconoce, pero su legado de compromiso, valentía y amor continuará para siempre.

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