En Clínica Cruz Jiminían no permiten los ‘rebotes’

Es uno de los centros de salud más masivos de la capital, a veces se ve obligado a acostar dos pacientes en una cama de emergencia, pero entre su personal se han difundido tres mensajes claros: primero el paciente; segundo no se pide carnet ni dinero antes de la atención, y tercero; prohibido los “rebotes”.

Esa es la dinámica de la Clínica Cruz Jiminián, ubicada en el sector de Cristo Rey, donde diariamente acuden cerca de 3,000 personas, la mayoría con problemas médicos, pero otras con peticiones tan diversas como la de “un pasaje a Nueva York” o una madre desesperada porque tiene un hijo preso.

En las paredes de sus cuatro emergencias se ve con frecuencia un mensaje escrito a máquina en una hoja de papel que dice: “Nunca pedir el carnet del seguro médico o dinero antes de atender al paciente (Primero Atender al Paciente)”. Ese mensaje, asegura el doctor Felix Antonio Cruz Jiminián, tiene que estar presente en todos los médicos que laboran allí, aunque confiesa que ha tenido que sacar algunos, incluso de renombre, que ha descubierto que violan esa disposición.

“Puede que alguno lo haga, pero hasta que yo me entero”, dice y de inmediato enfatiza que el médico que pone el dinero primero que al paciente, no puede estar en el centro.

Dijo que por momento se ve desesperado, porque diariamente recibe sobre los 100 pacientes referidos de otros centros o que llegan por cuenta propia cuando ven que no se le presta atención en otro lado. “Llegan aquí en todo tipo de transporte, llegan en carro público, en ambulancia y muchos a través del 911, porque todo el que está desamparado o rechazado lo traen aquí”, señala.

El tumulto y murmullo de los pasillos; el parqueo, las áreas de emergencias, tres de adultos, una pediátrica y la ocupación de sus 16 salas de espera, dejan ver claramente la cantidad de pacientes que acuden al centro diariamente en busca de alguna solución a sus quebrantos. En emergencia se atienden 500 pacientes diarios, incluyendo entre 150 y 180 del área pediátrica.

Cruz Jiminián dice estar convencido de que ese es el centro de salud que más paciente recibe en el país, pero reconoce que la alta demanda es un problema serio porque nunca hay camas vacías, sobre todo tomando en cuenta que a todo el que rechazan en otros centros de salud llega a esa clínica, que solo tiene 70 camas de internamiento, con planes de ampliar con 10 más.

Indica que ha tenido que quejarse con el 911 porque a todos los pacientes lo llevan allá cuando no consiguen donde ingresarlos, los abandonados, los sin familias, sin entender que ese es un centro privado que paga servicios, empleados y muchos impuestos. La clínica no recibe subvención estatal, pero sí la Fundación Cruz Jiminián, que se invierte en servicios sociales.

Buscan de todo

Señala que los rebotes en el centro están prohibido y que cuando se ven precisados a referir a un paciente lo hacen a través de una hoja especial de referimiento y con previo contacto directo mediante llamada con el centro receptor, porque sabe que cuando un paciente es rebotado o referido en condiciones inadecuadas corre el riesgo de morir en el camino.

Aseguró que en la Unidad de Cuidados Intensivos nunca se le ha pedido al paciente dinero para poder ingresarlo.

“Aquí las personas buscan de todo. En mi consultorio las personas vienen buscando desde un pasaje a Nueva York, a un hijo que está preso, de un policía que golpeo una gente, de un marido que maltrata a la esposa y por supuesto problemas de salud de todo tipo, incluyendo casos complicados de todo el pacientes”, señala el director de la clínica Cruz Jiminián.

Manifiesta que la mayoría de los casos los resuelve tocando puertas y que hay personas e instituciones que siempre apoyan, entre las que citó a Ramón Álvarez, Juan Oviedo, Richard Ortiz y su hermano Franklin Cruz Jimini‡n.

Atribuye el crecimiento en planta física que ha tenido la clínica en los últimos ocho años al hecho de que ofrece atenciones a pacientes asegurados, recordando que antes todos los pobres los atendía gratis, pero que ahora Senasa paga por ellos, aunque con tarifas bajas, pero paga.

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