Ayudar al prójimo es el fin de un restaurante texano con la carta sin precios

Un restaurante que abrió sus puertas hace pocas semanas en el sur de Fort Worth, a 48 kilómetros al oeste de Dallas (Texas), permite al comensal pagar la cuenta a discreción e incluso irse sin dejar un solo centavo.

Taste Community Restaurant es el primer y único local de Taste Project, una organización sin ánimo de lucro fundada en 2012 por Jeff Williams, un devoto cristiano oriundo de California y residente en el norte de Texas desde hace 12 años.

“Cuando supe que Dios quería que me dedicara a esto, hace unos años ya, nadie lo estaba haciendo. Mucho después empecé a investigar y me di cuenta que existían otros restaurantes similares en el país con el mismo concepto”, señaló Williams a Efe.

En su restaurante no se aceptan reservas pero el trato es como en cualquier otro: el comensal es agasajado por una anfitriona que lo lleva a la mesa para que luego un mesero le presente un menú bastante diverso y le tome la orden.

“Para el inicio de la primavera se hicieron algunos ajustes a la carta con ingredientes predominantes de la estación, como los tacos de pollo, pero hemos también mantenido muchos platillos como la Bruschetta (unas rebanadas de pan casero sazonado con aceite de oliva, trozos de queso, aguacate y guisantes)”, acotó Williams, quien trabajó anteriormente en el área de la informática.

Ayudar al prójimo es el fin de un restaurante texano con la carta sin precios

Entre los platos más solicitados está la hamburguesa americana con queso cheddar en rodajas de pan tostado servido con papas fritas, así como las arepas rellenas de pollo con una variación de queso ricota y crema fresca.

Pero lo que más llama la atención es que en la carta no hay precios. Al final de la comida, la cuenta que trae el mesero tampoco contiene cifras, solo pide una donación.

“Lo que pedimos a nuestros clientes es que paguen lo que pueda, o si lo desean que donen más de la cuenta o simplemente no paguen si no tiene los recursos, de eso se trata”, destacó Williams.

“Lo que solicitamos también es que donen algo de su tiempo, unas horas al día, para ayudarnos con el trabajo diario y entiendan mejor el concepto, el de ayudar al prójimo”, sostuvo.

La mayoría del personal del restaurante, el 80 %, dona su tiempo de forma voluntaria. Para ello, existe un coordinador que se encarga de programar los días y las horas de los voluntarios tanto en la cocina como en el comedor.

Los clientes que llegan a disfrutar de la comida de Taste Community Restaurant son de todo tipo, según Williams, desde aquellos que han perdido su trabajo y no pueden pagarse un almuerzo hasta oficinistas de los negocios aledaños.

Por ahora, y desde su inauguración en diciembre del año pasado, el local abre a las 11 de la mañana y cierra a las 2 de la tarde.

Mantener abierto el local más horas supondría un costo extra que por ahora Taste Project no puede solventar.

De acuerdo a Williams, la gran mayoría de las donaciones que reciben provienen de particulares y no tanto de empresas grandes.

Para poder mantener el negocio y que sea sostenible se necesitan alrededor de 10.000 dólares mensuales.

“Nuestra meta es llegar a ese nivel, de sostenibilidad, en cinco años y abrir otros locales similares en otros lugares para combatir el hambre que existe en varias ciudades de Estados Unidos, eso me haría realmente feliz, más feliz de lo que estoy actualmente”, apuntó.

Williams quiere por ahora cerrar la brecha en el condado Tarrant, donde está ubicado su restaurante y donde, según cifras del mismo Gobierno local, el 36 % de la población de menos recursos económicos no califica para recibir asistencia social.

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